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sábado, noviembre 21, 2009

Postales de mi ausencia







jueves, noviembre 12, 2009

Yo soy... (XV)

  • la que a la hora de ver trailers pierde totalmente su capacidad de análisis y piensa que todas las películas son geniales
  • la que de su época de usuaria de Nextel sólo rescata lo rápido que era pedir un taxi por la radio
  • la que no entiende en qué pensaba el idiota que sentenció por primera vez que es de mala educación cantar en la mesa
  • la que hoy se despertó con olor a Zucaritas en las manos y anteanoche juró olisquear un bowl de Choco Krispis en su cocina
  • la que está segura de que, si algo le sucediera a M, sería capaz de saberlo en ese mismo instante, como un palpitar súbito o un eco repentino
  • la que hace tres semanas estrenó su primera fractura y desde entonces se pregunta en qué cuernos pensaba cuando de chiquita lo que más quería era portar un yeso
  • la que de chica también soñaba con tener aparatos y tener ese modo de hablar espumoso, típico de los niños con ortodoncia y cajitas flúo
  • la que en una semana parte al primer viaje de prensa de su vida, con destino a las Islas Vírgenes Británicas, y todavía cree que todo es un engaño y será vilmente abandonada en el Triángulo de las Bermudas

domingo, noviembre 08, 2009

67

Solía servirse y dejar su plato ahí sentado, solo, esperando su enfriamiento con perfecta paciencia. Mientras, hacía un zapping descuidado que por lo general terminaba en algún documental, casi siempre de alguna guerra y si era de la civil española mejor. Todavía puedo verlo, acomodándose la servilleta sobre las piernas, catando su copa de vino y haciéndonos preguntas sobre nuestro día. Comía sin ansiedad, saboreando cada bocado y disfrutando el momento que, sabía, se había ganado. Quisquilloso, también, en ocasiones pedía que le volvieran a calentar el plato, o se quejaba por la falta o exceso de sal. Madre y yo sonreíamos en silencio, y Mirta, leve como un suspiro, se convertía en nuestra mejor cómplice.
Hoy cumpliría 67 años. Y en días como este todavía me parece que, si entrecierro los ojos y hago fuerza, podría vislumbrarlo a través de la ventana de ese primer piso, prendiendo la tele y sirviéndose su segundo plato de la noche.


jueves, octubre 29, 2009

Time and time again you're too late


Saber esperar también es un arte, y por desgracia estoy lejos de dominarlo. No sólo soy puntual hasta la exasperación -propia, más que nada-, sino que soy pésima para hacerme la desentendida cuando estoy parada en una esquina. No me sale, no sé, me enferma la mirada de la gente y me pone nerviosa el pispeo de los porteros. El jugueteo con el celular se me acaba al rato y leer de pie jamás me sedujo, así que los minutos se me eternizan y no hago más que trasladar la tortura al esperado, a quien llamo cada 2 o 3 minutos para comprobar cuántos pasos avanzó desde la última vez que hablamos. Saludo algunos perros, me hago la simpática con los niños, personifico algunos papeles que ni yo me creo y de los que me aburro pronto. Todo para volver a mirar el reloj y comprobar que apenas pasó medio minuto desde la última vez que lo hice.
Y aún así, a sabiendas de lo que me espera, siempre salgo antes -mucho antes- del tiempo prudencial. Creo que siempre voy a preferir la posibilidad de la queja y el reclamo a la humildad de una disculpa debida.

miércoles, octubre 21, 2009

Para debate

Criticar, ¿está en nuestra naturaleza o es algo que aprehendemos culturalmente?

jueves, octubre 15, 2009

Nimiedades

Encuentro fascinante el nombre "azúcar impalpable". ¡Es genialmente gráfico!

domingo, octubre 11, 2009

Postales

Eran nuestros primeros desayunos juntos. Sentados en el balcón frente al mar, te miraba desperezarte con los ojos todavía achinados, descalzo en tu pijama rosa. Mientras vos apenas salías del sueño, mi ansiedad y yo ya estábamos sirviendo el jugo, atacando las cerezas, abriendo la caja de cereales y vertiendo el contenido en el bowl. Y luego, con total atención, me veías dedicarme a separar las pasas del resto de la mezcla. Siempre me asombraba la enorme cantidad que había, casi exageradas frente al tamaño de la porción. Pero no importaba, porque siempre había otro bowl donde serían bienvenidas: el tuyo. Eran nuestras primeras mañanas juntos, y recuerdo haber pensado que era en detalles como este en los que podía cifrarse un destino.

miércoles, octubre 07, 2009

Reality check

Mi entrevistado me hablaba de la pareja y los vínculos, de las peleas y desencuentros y ciertos momentos irreparables. Y en un momento sentenció: “A fin de cuentas, de lo único que no se vuelve es de la muerte”. En su momento asentí, pero me fui pensando. Hoy creo que no. Creo que hay ciertas circunstancias sin retorno, momentos en los que un pequeño vidrio roto hace todo trizas, y ya no hay solución posible. Es esa discusión en la que ambos terminan callados, y no existe siquiera el intento de recomponer las cosas. En las que se han dicho los adjetivos más horrorosos e hirientes, y aún así el final es mudo. Y en ese silencio compartido ya ni siquiera hay tensión, porque lo cierto es que no importa. Cuando ignorar es la mejor respuesta, el daño es irreparable. Si da lo mismo pelear que ceder, entonces mejor no hacer ni uno ni otro. Mejor, en ese caso, es hacer las valijas.

lunes, octubre 05, 2009

En perspectiva

¿Cuántas de esas tardes, en las que creés que el mundo tal como lo conocías se acabó, tuviste?

jueves, octubre 01, 2009

De cuando la identificación cala demasiado hondo


Hace algunas semanas me topé con un blog que me alucinó. Se trata de una inglesa que vino a vivir por un tiempo a Buenos Aires y decidió abrirlo para relatar sus experiencias e impresiones. No tiene nada de diseño ni es de una prosa muy particular, pero quedé fascinada con su forma de ver nuestro mundo y realidad. Su visión de temas como los piquetes, la falta de monedas o la proliferación de stencils y graffitis -tópicos absolutamente cotidianos para nosotros- ayuda a quitarse los anteojos de porteños inmunizados y mirar los hechos desde otra óptica. Sus fotos y raccontos de distintos paseos, además, son imperdibles y muy graciosos.
Así fue que, enamoradísima del humor y agudeza de esta chica, me dediqué a leer uno a uno sus posts, devorándome el contenido del blog en apenas una tarde y agregándola de inmediato a mis favoritos y mis links. El problema, sin embargo, se presentó cuando, a días de haberla descubierto, empecé a notar que no había actualizaciones. Y no es que me estuviera poniendo nerviosa por mi ansiedad de leer nuevas historias, sino que el último post hablaba de un viaje a Bariloche en ómnibus, del que al parecer nunca retornó. Conforme el tiempo pasaba y la distancia entre la fecha del último escrito y el día corriente se agigantaba, también lo hacían mis dudas. ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si era una más de esas turistas extranjeras que desaparecen en el Sur y nunca más se sabe nada? ¿Y si mi nueva fascinación virtual estaba en problemas y aquí no había quien reclamara por ella? Imposible saberlo. Así que mientras sigo buscando noticias relacionadas, les regalo la recomendación de lectura más entretenida de la semana. A ver si, también, me ayudan a cuidarla a la distancia.

sábado, septiembre 26, 2009

Amazing

Efectivamente existe y es incomparable. Sucede poco y hay que estar preparado, pero cuando el momento de iluminación nos contempla, es absolutamente increíble. Como cantaba Steven Tyler, it's amazing when the moment arrives and you know you'll be alright. Cuando luego de arrastrarnos, llorar a moco tendido, perder la confianza en el mundo y dejarnos caer por completo en la oscuridad más lúgubre de nuestro interior, una chispa nos roza y cavilamos ante la posibilidad del después.
Un amigo amiguísimo alguna vez me dijo que en muchos de los momentos más definitorios, alcanza con dejarse flotar. Y que aquél pulso que rodea el cosmos, llámese Dios o energía divina, siempre tendrá un back up plan para nosotros. Me pareció idóneo. Juzgué que, justamente cuando más débiles estamos, mayores son nuestras ansias de delegar. Y que el instinto de supervivencia, presente hasta en el más cobarde de los suicidas, en algún momento se despierta y enciende su luz.
Todo llega, todo pasa, todo vuelve, todo queda. El karma siempre se cobra su vuelto, y las cosas eventualmente vuelven a su cauce. Pero mientras tanto, mientras el caos del mundo se ordena por pura entropía, una debe cerrar los ojos, confiar en sí misma y volver a incorporarse. Salir a la calle, dedicarle la más linda de las sonrisas a los obreros de la esquina, flirtear con algún transeúnte y hasta tirarle un beso a algún portero desprevenido. Seducir la ciudad, un barrio a la vez, convenciéndonos a nosotras mismas en el proceso. Quizás al fin del día la luz sea suficiente para iluminar nuestra noche.

domingo, septiembre 20, 2009

Un GoogleMap a mi medida

"There are places I'll remember
all my life though some have changed
some forever not for better"
The Beatles - "In My Life"


Era verano, pero de esas noches frías, en las que el viento tiene ráfagas que predicen otros climas. Habíamos salido a comer y, en un recoveco de la charla, el tópico viró hacia terrenos peligrosos y una simple pregunta desató el caos. Y conforme el cielo se oscurecía y la tormenta se hacía evidente, más intrincados se hacían sus planteos y más violentas mis respuestas. Puedo verlo con claridad, apoyada contra la pared de una estación de remises del centro de Pinamar, lo miraba gesticular mientras pensaba que ese era sin duda un punto de inflexión. Recuerdo haber pensado que aquél debía ser el principio del fin. Hoy, mirado a la distancia, diría que efectivamente lo fue. Nos bastó esa noche para abrir grietas sin posibilidad de sutura, para plantar bandera y declararnos incapaces.
Es extraño, pero a veces las conversaciones más trascendentales suceden en los lugares menos pensados. A mí no se me borra más la frialdad de esas paredes, el olor a waffles que sobrevolaba el aire y se mezclaba con el aroma a tierra mojada que arrastraba el viento. O aquél barcito de Parera y Alvear, que jamás volví a pisar pero fue testigo de una charla sincera como pocas, en la que mamá entendió mucho y yo perdoné un poco. Veo al mozo disperso, los cafés semi fríos y mis lágrimas humedeciendo los diarios del domingo, y me pregunto cómo un lugar tan irrisorio puede simbolizarme tanto. O el estacionamiento del que huí la tarde en que nos conocimos y al que aún hoy vuelvo cada semana, sonriendo por dentro.
Él desplegó sus argumentos bajo la mirada curiosa de unos cuantos turistas más. Yo superé mi paciencia y me subí al auto, sola, en el preciso instante en que las primeras gotas caían sobre el bosque. Jamás volvimos a estar juntos.

viernes, septiembre 18, 2009

Estoy convencida de que la música puede curar casi todo.


viernes, septiembre 11, 2009

So be it


Me descubrí con la cartera en el piso, buscando infructuosamente las llaves del auto, y por un instante me sentí mi madre. Recordé la incontable cantidad de veces que protesté por ser la que iba del lado del acompañante, y debí esperar el final feliz de esa búsqueda. Porque no, ella nunca se dignaba a bucear en su cartera mientras se acercaba al vehículo; ella debía hacerlo precisa y exactamente cuando ya estábamos al lado del mismo. Y aquello siempre me irritó sobremanera. De modo que, cuando finalmente encontré mis llaves y pude abrir la puerta, no supe si reír o llorar.
Nos pasamos la infancia marcando límites invisibles a nuestros padres. Armamos listas interminables de todas aquellas cosas que no haremos el día que tengamos a nuestros propios hijos, y vivimos creyendo que seremos capaces de reescribir la historia. Hasta que una tarde cualquiera, en la soledad de un momento, nos descubrimos un gesto ajeno que nos sacude la utopía. Sea perder las llaves o retorcerse un mechón de pelo, reencarnamos una porción de niñez y nos envuelve la incertidumbre. ¿Será que la genética pesará siempre más que la voluntad? ¿Estaremos condenados de antemano a reincidir en los tics y manías que más veces vimos repetidos en la vida? Me aterro de sólo pensarlo.
Y sin embargo a veces, observando niñitos díscolos en algún lugar público, pienso en lo bien que les vendría un grito bien puesto, como los que solía entonar mamá cuando la situación se iba de cauce. Pienso que quizás sea cierto aquello con que tanto nos insistieron, el eterno lo vas a entender el día que tengas tus hijos. Tal vez sea verdad, y en algunos años me encuentre sentenciando las mismas frases bajo el manto de una nueva perspectiva. No sé, pero ciertas noches creo que, en la mayoría de los casos, uno termina entendiendo a sus progenitores demasiado tiempo después. Como si la vida se escurriera en reproches y la perfección existiera.

lunes, septiembre 07, 2009

Y mientras ensayo algún intento de lucidez, les regalo una razón para mi ausencia

"La gente feliz no tiene historia. En el desconcierto, la tristeza, cuando uno se siente quebrantado o desposeído de sí mismo, experimenta la necesidad de narrarse"

Simone de Beauvoir - "La mujer rota"